30 de agosto de 2011

El esquizofrénico



Yo, vivo en el norte, lejos de la ciudad,
algunos arboles revolotean el pasado.
Lo traen hoy y hacen sentir un frío tan triste,
que algunos vecinos no saben sentir.

Te encuentro allí, en los bares desiertos,
solo tu, y una copa, envuelta en seda. 
Que dejada pasaría años vacía.

Y luces la serpiente en tu bota,
señal de la melancólica resistencia.
Tum tum, te agita, te lleva,
la vida hoy no se durmió.  

Él, vive en la noche, en la ciudad,
los edificios lo contemplan cada día.
Hoy es él y no quiere cambiar,
solo así siempre sabrá vivir. 

Su cerebro no se logra desconectar,
no sabe de locura, vive en ella.
Desenfreno resistido por el ayer,
persigue un sueño, hundido, perdido.

Bombean la sangre entre la sal,
se derrama el pellejo en el aire.
Allí, él abriendo camino a nuevos desiertos,
inundados de sed, de pura hambruna.