24 de agosto de 2011

El último viaje IV

Dejaste morir al ángel, no te culpo. Tu siempre entendiste tu situación y bien sabías lo que querías. Ya hoy volveré a buscar la soledad que me hacía tan feliz en los baldíos de mi ciudad. Allí donde, incluso, una vez te conocí. Allí, donde cada segundo de mi vida me supo demostrar el por qué de esta lucha. Donde la vida me enseñó a levantar la frente tras cada tropiezo, cada derrota. Y allí voy, hoy, a buscar la felicidad.