en los sueños que murieron colgados de un tendal.
Hechizados en un gran pantano,
te hundes cada día un poco más.
A la deriva de un manso río,
olvidando tu pasado, dejando todo atrás.
Encuentras el turbio destino,
olvidando los amores que te vieron marchar.
Dame el veneno, que quiero morir.
Tomaste el veneno, deseabas morir.
Condenado estoy, y tu también.
Con este veneno mi herida no cicatriza,
solo entorpece un poco el fluir de la sangre.
Mi corazón hoy está bañado en razón,
rebalsando el veneno que algúna vez penetraste en mí.
El pantano se llena de veneno, y el barro;
"lo único saludable por aquí".
¿Cuánto lodo has de tragar para que te dejes de hablar?
¿Cuánto veneno hace falta para que de una vez pueda morir?
