21 de junio de 2008

¿Y ahora a dónde voy?



Tantos años recorriendo distintos caminos, ya no sé si reír o llorar, pero debo enfrentar cada situación incógnita de esta vida buscando un destino, tal vez… tal vez algún día pueda encontrarlo, tal vez sea todo en vano, pero no por las sospechas voy a dejar de caminar.
Muchas etapas que fueron quedando atrás, como las vidas en un video juego, fueron pasando estas etapas que se iban quemando a medida que iban apareciendo nuevas aventuras. Simplemente, la vida de cualquier persona pasa así, año tras año, pero estos años fueron con sentimiento, con razón, con corazón.
Quizás no sea la mejor flor, quizás no pueda nadar como los delfines, pero mis palabras quieren decir lo que siente este corazón, que a cada pelea va con la frente en alto. Dejando cicatrizar las heridas del pasado, y abriendo nuevos momentos, abriendo los ojos a esta realidad, la que me gusta situar, la que me gustaría conquistar.
Son impagables aquellas experiencias con amigos, viendo el atardecer, una y otra vez. Compartir una mesa y tomar del más puro placer, de reír de la más pura ignorancia. Reír por reír. Son impagables todos aquellos momentos que en mi mente quedaron marcados a flor de piel. Impagables e inolvidables, sé que solo fueron momentos, pero fueron los momentos que marcaron mi camino, aquellos que abrieron las huellas hacia el fin de la vida. En ese momento estaré recordando en cuestión de segundos todas esas experiencias que marcaron mi vida.
Y es muy bello ser feliz con tan poco, pero tan poco que te hace feliz, te hace tan grande como una montaña, como un mundo, como el universo.
Haber descubierto el amar; a una mujer, a un amigo, a una familia, a un objeto, el amor es algo que también marca la vida de muchas personas, pero no a todas las hace felices. A mi, me hizo feliz y además me enseñó cosas… me enseñó a respetar al otro, a toda persona, a no olvidar que todos somos iguales, y que no hace falta cambiar.
Y cuando escuchaste que algo se había roto, viniste al llamado de mi dolor, y me abrazaste, te pegaste a mí, te aferraste a mis lágrimas. Qué les puedo decir a ellos que alguna vez se prendieron y caminaron junto a mí hacia algún destino impuro. Y ahora, escondidos en lo más profundo del recuerdo, siguen estando, a punto de ser olvidados, pero están, y seguramente, estarán en ese rincón de los olvidados que tan presente están.
De muchas cosas me han etiquetado, pero nunca dejé de ser yo, quizás hubo algunos deslices, pero fueron momentos infelices que si han sido olvidados. También muchas veces me han señalado y yo he mirado a otro lado, pero déjenme decirles, que esas miradas son las que me han hecho aprender de las cosas que mal he hecho. No quita también esos momentos que me he equivocado y he prejuzgado, pero al pasar de los años, aprendí que para querer, no hace falta ser igual, simplemente hay que unirse al corazón de la otra persona, y ver que hay que caminar, solo por vivir. Porque vivir es caminar, un largo camino hacia el fin, hacia la libertad.
También he visto reír a la gente, y me burlaba ya que no tenían por qué reír. Fueron otros momentos malos de mi vida, fui juzgador culpa de mi propia ignorancia, pero siempre en la vida de las equivocaciones se aprende.
Pero bueno, el camino va viniendo, y no puedo pararme a pensar, el corazón piensa mucho más rápido que la mente, y por eso es que sigo tranquilo por esta senda que, seguramente, me va a llevar a buen destino.
Simplemente, le agradezco a la vida por todos estos años que me dio, y a todos aquellos que fueron parte de este camino, este camino que nunca se dejará borrar las huellas.