Embarcar, rodeado de espesa niebla, convertida de a momentos en pequeña llovizna. Que moja mi rostro, se confunde con las lágrimas. El nudo se ajusta un poco, respiro y sigo hacia destino supuesto fijado. Allí voy, en busca de un silencio. Del momento incomodo en que lo oculto se mantiene igual, donde la excusa se excusa y la verdad se vuelve como quería.
Los otros pasajeros no saben, ni sabrán, de mi karma. De porqué mi rostro se encuentra al borde de la destrucción. Oculto mi triste mirada detrás de un libro, quien acelera mi corazón, sin poemas, nada extra vagante, fundido en historias y momentos del pasado.
Cada tanto, una voz fuerte me distrae, me hace voltear la mirada, no veo nada, solo mis pensamientos que me nublan, como el cielo afuera, que no divierte a nadie, que quiere obligarme a quedarme allí. No lo haré.
Aceptar errores, ya logrado eso, voy en busca del perdón. De uno verdadero, de uno que permita abrir las puertas a un nuevo intento. A tener la oportunidad de volver a intentar. No querer, sino tener la oportunidad de querer. Espero solo esa luz, aunque más fácil sería reclamar el olvido, pero no. Lo fácil nunca nos conduce a buen destino.
Este, que creo, último viaje, me lleva a ver a los ojos, a levantar la frente, a aceptar que me he equivocado, a aceptar que lo hecho, hecho esta y por algo fue. Acepto el error, acepto la equivocación. Se que no volverá a pasar, pero solo voy pensando en una nueva oportunidad.
Otra voz me interrumpe, ahora mis pensamientos, ya que mi mirada no pudo volver a llenarse de palabras de historia. Vendiendo una ilusión, algo que yo necesito, o eso me hace creer. No lo acepto, lo dejo pasar, nunca sabré si lo necesitaba o no, él, y su ilusión, pasaron, se fueron más atrás.
Miedo, miedo al dar un paso, posiblemente falso, quizás caiga y me destruya, pero no, el destino, como hace tiempo, está conjurado contra mí. Quizás, unos días cambien el clima. Es la ilusión que no quiero perder, ¿iluso? No, el deseo de querer algo, de necesitarlo para sobrevivir.
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La partida, tras una breve y seudo emocionante interrupción, fue algo degradante. No entender, no querer aceptar o, simplemente, he dicho, no entender. No, no fue una perdida de tiempo, lo necesitaba. Quería oírlo y verlo al mismo tiempo.
La confusión fue tal, que sentí una leve esperanza, una tenue luz que me invitó a seguir. Solo habrá que esperar.
Era de noche, el frío me helaba las mejillas, pero yo veía el sol asomarse entre las nubes, y, por detrás, estrellas, miles de ellas, que me iluminaban, que calentaban el sueño exiliado. Más allá, los hierros congelados, que patinaba el desvío. Allí, tan cerca mío.
Fui turista, un momento. Mañana será un nuevo día. Se verá. Sabremos si lo pasado sirvió de algo o caló un poco más la mentira. Si sacó a la luz la demolición. Si fue una excusa. Se verá.
Ahora regreso, por el mismo camino, un poco más allá. Iré en busca de paz, no se bien a dónde, pero continuaré por el mismo camino.
Volver.
El último viaje, tal vez no sea, en verdad, el último.
