La falta de demostración, la entrega total de mi alma, de mis sentimientos hacia este juego, donde tantas fichas fueron desordenadas por el maldito crupier. Las apuestas fueron en vano, no había fondos para devolver en caso de triunfo. Fue, y es, un juego maldito. Fue.
¿Dónde están las respuestas a las preguntas que me hago hoy? ¿Dónde está tu corazón? ¿Tan lejos podrá estar que nunca alcanzo, siquiera, a rozarlo? Este es tu juego, tu me invitaste a entrar, me engañaste, más de una vez, con reglas que cambiaban todos los días. Y yo aceptaba, porque estaba ciego. Porque creía en algo que nunca se iba a cumplir. Creía. ¿Está mal creer en algo que uno quiere? No está bien jugar de esta forma. Las reglas deben ser siempre las mismas e iguales para ambos. Eso nunca lo querrás entender, nunca lo querrás hacer. Tu eres lider de este sucio juego, y ahí estás. Te hundirás poco a poco, sin darte cuenta, y verás cuánto te has equivocado. A menos que este maldito orgullo te lleve a creerte superior a todos los demás. Estás equivocándote. Demasiado.
Otra vez se repite esta historia. Ahorcado por la incertidumbre. ¿Será este el último viaje? ¿Habrá muchos más? ¿Cuándo me dirás, por fin, la verdad? Conozco y sé más de lo que tu crees, pero no me atrevo a desenmascararte, porque perdería mucha personalidad, porque las cosas que no corresponden, nunca fueron parte de mí. Pero mi engañado corazón vio necesario acceder a ciertos mecanismos oscuros. Fue lo peor. Me arrepiento, pero se que de algo sirvió. Y es la verdad, que siempre de algún modo sale en libertad.
No, no es lo que imaginaba aquella vez que me acerqué a tí. Tampoco creí que iba a suceder todo lo bonito que sucedió, pensé que iba a ser más breve. Pero con el tiempo me fui dando cuenta que muy pocas veces te importaba, aunque lo niegues, aunque digas que no es así. Me doy cuenta a través de tu expresión. Yo en verdad disfrutaba de lo nuestro. Nuestros nombres se entrelazaban, se hacían uno. Provocábamos confusión. Me divertía, hasta un punto que yo tampoco entendía. Disfrutaba el sufrimiento. "Yo te doy a elegir", es tu misma excusa de siempre.
¿Con solo esas palabras tu puedes librarte de todos los sentimientos? ¿Acaso, en verdad, tienes sentimientos hacia mí? A veces me convenzo de que sí, que tan solo no los sabes demostrar, pero cada día que pasa me doy cuenta que me equivoco y que me miento. Que quiero creer en algo inexistente. Tan solo por la ilusión, por vivir tras una fachada. Solo eso. Una fachada, no es más que eso.
Hoy me embarco nuevamente, a explorar el cuadro de situación. Este marco, que no está amurado a ninguna pared ni tiene imagen en su centro. Solo un marco, vacío, como tu corazón.
"Amor, aunque no haya nada para amar..."
