24 de noviembre de 2008

Los ruidos que escuchaba ayer



Solo una vez en la vida me arrodillé, y fue por dolor.
Hoy lo vuelvo a hacer, y es para pedirte perdón.
Me miras desde arriba como triste madre ver morir a un hijo,
Me consuelas y me dices que deje de llorar, que para eso estás tú.

¿Alguna vez te has sentido tan pesado que no has podido reaccionar?
Tan cargado de las promesas que alguna vez te hicieron,
Creer que algún día algo cambiaría y siempre, al final, fue todo igual.
Una revolución, guerreros con armas de aire, hablando y contando.

Has caído una vez más en las garras de una historia, de una ilusión.
Lo vano ya es parte de tu vida, lo haces porque no sabes en verdad qué hacer.
Y las garras de la vanidad, cada día más al borde de la extinción,
Te hacen sentir lo que no sos, más allá de las fauces de cualquier león.

Ocultarme en tus manos, bucear por tus ojos, naufragar tus mares.
Respirar todo tu aire y poder dejarte sin aliento.
Quisieras que fueras, hoy, parte de mí en este encierro.
Los vientos que levantan nuestras preguntas escondidas en afirmaciones.

Los ruidos que escuchaba ayer, me aturdían y no me dejaban seguir,
Hoy se han escondido, se han callado y ya no los oigo.
Quiero tener siempre frente a mí esas palabras sabias,
Que saben rescatarme del más indeseado placer.