9 de septiembre de 2010

¿Y ahora?

“¿Y ahora?” es una pregunta que me estoy haciendo a cada instante. Lo que leerán a continuación es una declaración que ni yo logro comprender, pero que debo hacerla para sentirme mejor conmigo mismo.

Empecemos por el mambo que tengo en la cabeza, que me está volviendo loco y que no me deja estar feliz como si lo estaba quizás hace algunos pocos días. Hete aquí, que no soy yo el que era hace unos días, no quiero saber más nada con nada. La vida es así, te da unos días de gloria, y otros de fracasos constantes.

Bueno, el tema es que no sé qué hacer conmigo mismo. O vuelvo al pensamiento de hace poco tiempo, en el que soy yo y nada más, sin preocupaciones más allá de las normales, o me lanzo a la búsqueda de alguna nueva verdad. No lo sé, no sé qué hacer.

Ojo, no solicito ningún tipo de respuesta, eh! Quiero que sepan, que estoy bien, si… estoy bien, como siempre. Bah! En realidad no sé, es algo que me preocupa, el no encontrar respuestas rápidas a esta situación de mierda por la que estoy pasando. Y eso que ya me ha pasado alguna que otra vez, pero de estos asuntos nunca se aprende. NUNCA.

Imagino que quizás se solucione solo, algún día. ¿Será pronto? ¿Será dentro de mucho? ¿Será nunca?  Más y más preguntas, me estoy cansando eh! Eso, también quiero que lo sepan… me estoy cansando.

El otro día leí un cuento, que hablaba de una princesa de padres pobres, pero ella debía continuar la dinastía, y entonces intentó librarse de esa conexión sanguínea y hereditaria, pero no podía. Lucho contra eso, no quería saber nada, no quería ser pobre, quería que sus padres la obligaran a casarse con algún príncipe rico, pero ¿qué familia rica iba a querer que su hijo se casase con esa joven pobre? Bueno, la cuestión es que, parece ser, que la joven se resignó, y encontró a una persona, no millonaria, pero que la llenó de felicidad. Eso, la hizo rica y millonaria, pero no de dinero, ni de oro, ni de joyas, ni de bienes. No, la llenó de felicidad.

¿Saben una cosa? Lo que les conté recién es mentira, no existe tal cuento, o por lo menos no lo leí en ningún lado, pero… ¿no me digan que no es una bonita historia? Las apariencias no son sinceras, y a veces hay que buscar adentro, en lo profundo del ser de la persona que tenemos al lado. En el alma, en el espíritu. La mística de una relación no se basa en la belleza física, no… la mística viene desde otro aspecto del ser, de la vida. De las ganas de vivir, principalmente, y de tener ganas de compartir el camino con alguien.

Y otra vez la misma pregunta; “¿y ahora?” No sé, les digo que no tengo respuesta, se que estoy dejando muchas víctimas al costado del camino, cerdos asquerosos que quisieron arruinarme y gente que también quiso hacerme feliz, pero que yo nunca comprendí su forma de ser. Y no puedo invitar a este viaje a gente que no logro comprender. Así que aquí sigo, solo. ¿Alguien querrá, luego de leer todo esto, acompañarme? No soy una persona complicada, no se asusten, pasa que hay días que solamente hay que andar, y nada más. Sin pensar, sin sentir, sin ganas de vivir. Pero hay que andar y andar. Y así, sin más que las ganas de andar.