
Cuando el mundo comenzó a girar, yo esperaba ansioso salir a pelear para que nunca más se detuviera.
Aquella mañana cuando te golpearon bien adentro, me sonreí para mí, no estaba feliz, pero si satisfecho.
Aquella tarde cuando quisiste dar explicaciones, te enredaste en tus propios cables.
Aquella noche que hubo refucilos yo no divisaba ninguna tormenta, estaba cayado, seguro bajo mi techo.
Cuando la paz se deshizo, busqué cómo, a la distancia, podía sobrevivir a las secuelas de tu mal.
Cuántas vidas has de aniquilar para conseguir tu falso objetivo, si al menos tuvieses una grata meta por la cual luchar.
Cuando se extinguió la luz más resplandeciente, cuando todo el mundo pereció en un único país, yo estaba mudo, en silencio.
Si mi mundo se deshace, prefiero quedarme a dormir entre las tibias cenizas que quedan acá… y quedarán.