Quedan cospeles por usar, no hay destino,
y la voz que se acerca siempre un poco más.
Este humor se mezcla con las aves, muertas,
de un terraplén olvidado, del ambiente asfixiante.
Tuve suerte en esta vida, ahora solo resta esperar,
que la inyección ingrese en mi piel, sin ver...
la enfermera me quiere condenar, a la eternidad.
¿Cómo ordenar los pensamientos,
si no hay ya nada más que pensar?
y la voz que se acerca siempre un poco más.
Este humor se mezcla con las aves, muertas,
de un terraplén olvidado, del ambiente asfixiante.
Tuve suerte en esta vida, ahora solo resta esperar,
que la inyección ingrese en mi piel, sin ver...
la enfermera me quiere condenar, a la eternidad.
¿Cómo ordenar los pensamientos,
si no hay ya nada más que pensar?
