¿Cuántas veces mi cabeza rodó colina abajo?
¿Cuántas veces mi corazón fue pisoteado por un acervo?
Tras un acerbo comentario al paso, esta noche,
me dejas aquí tirado en la banquina con la camisa desprendida.
Me han llegado rumores de que existes en algún lugar,
quizás en las lejanas montañas del Himalaya, en Nepal,
donde lo normal no existe, donde cada día se vive.
Niña perfecta, mientras tenga vida, aquí te esperaré.
Siempre en la lejana tristeza, ahí estaré.
Niña perfecta, mientras alcance a respirar, te esperaré.
Allí, cuando viva en la completa desesperación.
De que quieras oírme se trata mi petición,
solo eso te pido, aunque nunca me conocieras.
Esta carta que te envío, pidiéndote compasión,
es un enorme placer saber que alguna vez estarás.
Como la miel salvaje, eres preciosa, tan delicada.
Posando en las exóticas flores del universo,
junto a las estrellas de mi nuevo mundo.
Mi exuberante pensamiento me llama la atención,
advirtiendo tu llegada tras el amanecer, entre la niebla.
Que te acomodas, que te empiezas a peinar,
y que todo lo que hemos hablado la noche anterior lo recuerdas.
¿Cuántas veces mi corazón fue pisoteado por un acervo?
Tras un acerbo comentario al paso, esta noche,
me dejas aquí tirado en la banquina con la camisa desprendida.
Me han llegado rumores de que existes en algún lugar,
quizás en las lejanas montañas del Himalaya, en Nepal,
donde lo normal no existe, donde cada día se vive.
Niña perfecta, mientras tenga vida, aquí te esperaré.
Siempre en la lejana tristeza, ahí estaré.
Niña perfecta, mientras alcance a respirar, te esperaré.
Allí, cuando viva en la completa desesperación.
De que quieras oírme se trata mi petición,
solo eso te pido, aunque nunca me conocieras.
Esta carta que te envío, pidiéndote compasión,
es un enorme placer saber que alguna vez estarás.
Como la miel salvaje, eres preciosa, tan delicada.
Posando en las exóticas flores del universo,
junto a las estrellas de mi nuevo mundo.
Mi exuberante pensamiento me llama la atención,
advirtiendo tu llegada tras el amanecer, entre la niebla.
Que te acomodas, que te empiezas a peinar,
y que todo lo que hemos hablado la noche anterior lo recuerdas.













