1 de enero de 2010

Por la risa y la paz



Casi sin luz, en silencio, mis ojos se pusieron a hablar,
de todo lo que el mundo hoy se olvidó de hacer.
Esta oscuridad que atrae a los barcos como un naufragio,
es el silencio donde las almas alegres lo destruyen.

Esta fuerza que marcha otra noche más por las calles,
esta energía que se hace sentir en cada lugar de mi ciudad.
Llevando en andas la alegría de poder cambiar,
lo que la historia social una vez dio por terminado.

Y hemos entrado al último día del año,
por lo que vemos hasta hoy nada ha cambiado.
Es la misma historia que se repite,
día tras día, y seguimos en la misma.

Y he estado en la esquina de esta calle con mi Dios,
por única vez me ha hablado y me dijo que se equivocó.
Pensó hacer un mundo ideal para cada ser vivo,
nunca supo quién se atrevió a destruir su iluminación.

Quién me mecerá en la rambla de este puerto sin remos,
quién desatará las cadenas que separan los barcos de este lugar.
Y es que somos lo que protegemos, nuestros ideales.
Dime dónde está la salida de emergencia del mundo,
que me han enviado a cerrarla, nadie podrá salir,
tengo fé en que todo esto, de una vez, va a cambiar.