17 de octubre de 2008

Adiós amigo


Cuando la conciencia se vuelve un ser tan extraño, capas de amenazarnos a nosotros mismos de los peores desagradecidos y mal nacidos que alguna vez nos acecharon, es cuando a veces pensamos en los momentos que quedaron pisados por un pisapapeles en un antiguo escritorio, lejano a nuestros bolígrafos y escondidos a nuestros pensamientos.

Pero esta parte de uno hace que todo eso se venga de golpe al presente, y nos vomite frente a nosotros aquellos que pensamos que habíamos olvidado, los recuerdos de un pasado de neblinas, de escurridizas alegorías y las serpientes del engreimiento. Como zarpar en un barco sin capitán, a la deriva, en busca de una isla desierta donde alojar nuestras penas, pero antes de llorarlas, escribirlas en una hoja de papel, abandonada y amarillenta de tantos años huyendo como lo hice yo esta vez.

Antaño creía que era tristeza, pero hoy, por fin me doy cuenta, que son nuevas puertas las que se abren, la confianza arrojada al aire y la alegría de pensar en lo que, quizás, vendrá. Los años y la experiencia, pero los años no marcan la experiencia, la calle y las veredas rotas en las esquinas por las que tantas veces crucé.

Y es hoy, que espero bajo este cielo gris, que amanezca un nuevo sol que me de cariño y sentido, que me ubique en la vida, quizás no estés conmigo, amigo, pero quizás puedas guiarme desde alguna estrella, tan radiante. Como el sol, como lo que se esconde cobarde detrás de las nubes, tormentas y los rallos de nuestras pasiones y aventuras recorriendo siempre el mismo camino.

Amigo, eres tu el que está sentado allí en la estación, esperando el próximo tren hacia la verdad, hacia el otro mundo, al que te evitó durante tantos años, que triste los pasajeros que viajan arrepentidos de haber subido. Pero no hay vuelta atrás, ya te vas a subir e iras con ellos al nuevo mundo, o en su defecto, al mismo mundo, pero con una distinta mascara, o sin mascara.

Como contar un cuento a un niño, en una plaza, bajo un árbol de otoño, no te presta atención, solo juega y hace barullo rompiendo las hojas caídas y arrepentidas, que abandonaron su nido y quisieron ser más y no pudieron, cayeron y no volverán a subir. Se extinguirán, poco a poco, entre sus compañeras revolucionarias que creyeron en un mundo distinto, en un lugar quizás un poco más cálido.

Y yo aquí, sentado, observando detenidamente cómo reaccionas. Amigo, no te olvides que yo te observé partir, me despedí de ti con el más sincero saludo. Te has equivocado, o al menos eso es lo que dicen los que no te querían. Siempre tuviste la razón, siempre quisiste lo mejor para todos, en tu sonrisa, bañada de tantas alegrías, de tantos caminos compartidos, de tanta felicidad. Ahora te vas, lleno, amigo…