24 de abril de 2008

Día Negro


Día negro,
Dolor en el alma.
Siempre buscando un papel donde poder llorar.
Temo enloquecer.

Sin que nadie se de vuelta,
Lloraré en mi soledad este pesado dolor.
Pasadizo al mundo del llanto, a un paso.

Armándote

Como aquel unicornio que apunta a tus alas,
Te clava el asta en el corazón y te desarma.
Ahora eres un rompecabezas deshecho.
Mil partes entre tus sentimientos muertos.

Armándote,
Buscando conjugación a tus palabras.

Y hasta el cielo llegaron las piezas de tu cuerpo,
Esparcidas por los cuatro vientos, al norte y al sur.
Entre todos los mares se encuentran, hacia este y oeste.

Armándote,
Fijando hacia el sol los afligidos ojos.

Sumergido en las profundidades del océano,
Se encuentra la pieza difícil de encontrar.
Falta para terminar de armar tus sentidos.
Seré la pieza que falta, serás la pieza que me falta.

Armándote,
Necesito de tu corazón para terminar con esta prisión.

Guerrera de la vida


Acostada en una camilla helada, entre abrazos y cariños,
Luchando contra esta vida que te jugó un mal camino.
Te llenan de alabanzas y flores, te donan la paz.
Y tú sigues en silencio, viendo la alegría caer.

Habitaciones blancas con estrellas rosas,
Tantas flores en un infierno no muy encantador.
Dioses y diablos disputándote.

Y tu enfermedad te rompe como se rompe un cristal,
Te mueve de acá para allá y no te deja nunca en paz.
Con cuentos se escriben libros, no te dejes engañar.
Te tocó esto y lucharás por algo más, porque para eso estás.

Una guerrera eres, peleando hasta que se haga la noche,
Y al final, ver tan cerca las estrellas, oírlas cantar.
Los cristales que alguna vez se rompieron, hoy se volvieron a juntar.

22 de abril de 2008

No se distinguir


No quiero dudas,
Al vaciar mis manos.
Cuando no te encuentre,
Entre mis sueños.

Esto es todo lo que queda,
Te lo puedes llevar si quieres.
Ya no soy nadie aquí.
Mis sueños murieron una vez más.

No se distinguir,
Entre besos y amor.
No se distinguir,
Entre lo que hay y lo que no.

Siempre buscando un mar,
En donde poder llorar.
Creo en lo que soy.
Todavía alguien soy.

21 de abril de 2008

Nuestro marzo

El tiempo no es tuyo,
Sin pensarlo,
Abraza al mundo.

Entre tus banderas,
Las penas viven en desierto.
Tu corazón no es tuyo.

La ilusión junto a ti,
Andando entre condenas.
El deseo es todo tuyo.


20 de abril de 2008

Se desdicen los que dicen

“¿Es acaso eso una maldita obsesión?” Pregunté una y otra vez hasta que el silencio se apoderó de mi conciencia y dejó hablando a lo más oculto de mí ser.

Girando entre nubes de contaminación, me vuelvo una vez más hacia las penurias de un templo que nada sabe sobre mi ser. Nada sabe sobre mi pasado. Me regodeo con importantes residentes de esa mística mansión llena de viejos escritos que nada dicen. Aquellas plantas moribundas arrojadas como basura a un contenedor, oscureciendo los rincones, valorando lo importante que es el aire y la luz en una habitación, cosa que no encontraban aquí. Mis ojos iban de aquí para allá, tratando de descifrar lo que allí sucedía. Un hombre con un traje largo hasta los tobillos me obligó a sentarme al resplandor de la llama hirviente de un hogar. Me habló de historias tristes, llenas de rencor, llenas de odio y desamor.
Había perdido un hijo, lo más hermoso de la vida para él, se le había ido de las manos como dinero a la hora de pagar impuestos. Fue el momento en el que el frío se hizo presente luego de haber aclimatado mi desnudo cuerpo al calor del fuego.
Después de tanto haberle pedido a dios, después de tanto gasto ocasionado, después de tanto llanto, se había ido, lo había dejado en este mundo sucio imposible de transitar en soledad. Era un amigo más, era un hijo, era lo que se había ido y nunca iba a volver.
Mis ojos brillantes, a punto de quebrarse en lágrimas, lo miraban fijo, sin saber qué palabras pronunciar para su consuelo.
La madre había partido hacia un lugar no conocido meses atrás, cuando la enfermedad de esta inocente criatura no era imaginada. Cuando la economía familiar se caía a pedazos, cuando el futuro incierto era tan cierto, jamás volverían a ser lo que habían sido años atrás, cuando su hijo apenas era un bebe de pecho, cuando solamente bebía del pecho de la madre, cuando se aferraba a ella cuando el miedo se aferraba a su piel.
Era cuestión de oír su llorosa voz entre el ruido del atizador golpeando la leña a punto de extinguirse. Era tal vez el comienzo de la historia más triste oída en mi vida. No dejaba de ser una persona desconocida, pero era la perdida de una inocente criatura que tan poco tiempo llevaba en esta vida tan cruel.
Mucho egoísmo escurría su palabra, pero era difícil de aceptar el destino que le había tocado.
Así fue, que mi llanto explotó en mil pedazos y él se disculpó por haber contagiado su tristeza.
-Estos días han sido los más duros de mi vida- Aseguró.
Decidí alejarme de este maldito templo que solo había forjado en mí un odio interior hacia los hospitales que nada pudieron hacer contra la enfermedad de este joven ser. Odio en vano, lo sé.

Caminar por las oscuras calles parecía ser mi pasatiempo preferido, sostenido por algún cigarrillo, tal vez por también por el tarareo de alguna melodía. Recorrer estos caminos fríos de las noches más abandonadas del mundo, viendo hombres en mi misma situación, condenados a seguir respirando el sucio aire de la ciudad.
Sumándose historias a mi vida, apareció una alegre mujer, contándome acerca de un nuevo amor, que había aparecido de la nada, entre la niebla de las calles oscuras ya mencionadas. Un alma gemela, un hombre de alta presencia, abanicado por su fortuna. Sonrisa gigante demostraba su fisonomía, ojos que explotaban en ternura, no sabía ni quién era, y ya lo sentía propio. Había visto al hombre más lindo que jamás antes había cruzado. Me contó, no era yo, que lo conoció en un bar, no muy lejano a nuestro sitio actual, regocijó un suspiro profundo, me miró a los ojos, me penetró.
-Tendrías que conocerlo… es como un ángel caído del cielo.-
Así fue que esta muchacha me llevó al bar en el que se encontraba. Caminamos en silencio unas pocas cuadras hasta llegar a la esquina más iluminada de la zona, tan solo un farol en el centro de la intersección. Luz tenue, apenas podía divisar una cara cruzando la calle.
La puerta, madera de algarrobo, sucia de grasa, mis manos patinaron a la hora de abrirle la puerta a mi fiel compañera. Sostuve como pude e ingresamos a este sitio.
Me miró y de reojo apunto hacia el fondo del bar. A la luz de las velas, en una mesa muy alejada de alguna ventana, se situaba un hombre con la cabeza gacha, tomando una bebida incolora, escribiendo alguna cita, tal vez, en su agenda. Pasé unos segundos contemplándolo, hasta que un empleado del lugar me invitó a sentarme en una mesa. Distante ha la cual estaba sentado el culpable de que mi persona se reposara en este lugar. Seguí observándolo detenidamente, esquivando algún obstáculo que entorpeciera mi vista. Mi compañera se había ido al baño, no supe nunca más de ella. Pero mi intriga acerca de ese hombre aún seguía en pie.
Decidí levantarme, decidí ir en busca de una nueva historia. A los pocos metros, el levantó su mirada y me observó sin olvidar ningún detalle. Si hubiese tenido un arma, iba a ser fácil asesinarme. Y justamente de eso iba a hablar su historia, de armas, asesinatos impunes, de muerte y de locura.
Le señalé la silla como invitándome a sentarme junto a él. Asistió con la cabeza y nuevamente la agachó para mirar sus anotaciones. Entre tragos de su bebida con hielos a punto de derretirse por completo, largó sus primeras palabras:
-Solo los idiotas me dicen héroe.
Sentí miedo con esas palabras, no podía imaginarme en qué iba a terminar esta charla.
-Muchos creen que por defender lo que es de todos, uno se convierte en héroe. Y ni así uno se puede sentir bien con uno mismo. No hay forma, sigo sintiendo lo mismo que hace unos años sentí cuando eche un vistazo al asesinato de mi compañero de campaña. Ver la sangre brotar de su cuerpo como el petróleo que florece en oriente. Pero esa vez nadie peleó por su sangre, fluía y se escurría entre mis dedos que trataban de taparle la herida.
Jamás imaginé que iba a oír semejante historia, suerte la de la muchacha que estaba platónicamente enamorada de este señor. No es que tenga nada de malo, pero cargaba con una conciencia sucia.
Sentí odio nuevamente, odio a los que mandaban a estos muchachos a ser pseudo héroes. Quién iba a creer en ellos, si solamente eran humanos extirpados de sus vidas, para ser enviados a la muerte, y con suerte, poder salvarse.
Esta vez no fui yo el que dio fin a la charla, fue él. Con la excusa de tener que concluir algunas tareas, salió, siempre con la cabeza gacha, de este oscuro bar.
Estuve unos minutos para retomar mi figura habitual y levantarme de esa mesa, que cargaba con tanta pena, la historia de este ex combatiente de alguna absurda guerra.

Sentí mi cuerpo muy pesado, sosteniéndome de las sillas que se interferían a mi paso, logré salir del bar.
Rechinando mis zapatos por las veredas rotas, se acercaban las dos de la mañana, y el frío se hacía cada vez más duro. Necesitaba algo que calentara mi cuerpo, y mi sangre pedía a gritos un poco de amor. Y así fue que me crucé una joven muchacha de tez blanca, ojos color miel. Su enrulada cabellera caía sus hombros como las más altas cascadas. Le pedí fuego, no tenía, y me puse a conversar.
-¿No es algo tarde para que una jovencita como vos ande por estos lugares?
-Ando buscando un destino- Afirmó vergonzosamente.
Su timidez rebalsaba de sus mejillas, y yo sabía contemplar con exactitud las venitas que se hinchaban cada vez más para sonrojar su tez.
-Bonita noche, ¿no crees?- Me preguntó, rompiendo el silencio.
-Así es, frío, estaba buscando un lugar para tomar un café.
-Yo conozco un lugar bello- Aseguró, y se ofreció a acompañarme.
Caminamos, solitarios, los dos en silencio. Yo sin saber a dónde iba, y ella con una sonrisa, demostrándole a la noche que por fin una vez le tocó ir acompañada.
Una vieja casona se erguía en la esquina, ventanas enormes, me imaginé la cantidad de luz que entraría durante el día por esos ventanales.
Ingresamos y nos acomodamos. Ambos seguíamos callados, pero cuestionados.
-¿Siempre vienes por aquí?- Decidí preguntarle, para que se suelte.
-Siempre, pero es la primera vez que me acompaña alguien.
-Es un placer poder acompañarla esta noche señorita.-
-Mi nombre es María – Le había molestado mi expresión de “señorita” hacia ella. –No soy señorita, en todo caso, dígame señora, pero prefiero que me diga María, como en realidad me llamo.
-¿Tiene hijos?
-Así es, uno, pero lamentablemente no lo tengo, me lo sacaron de mis manos ni bien había nacido, el maldito que le tocó como padre, lo regalo a una familia ostentosa.
¿Acaso era una maldición?, ¿Por qué siempre tenía que oír tristes historias?
-Nunca tuvo amor, hacia mí, hacia nadie. Nunca tuvo amor. Era una mala persona, solo le interesaba el dinero que, tal vez, yo podría haber cobrado de una herencia, que gracias a dios, no cobré, o por lo menos, es lo que creía el padre de mi hijo. Era un maldito jornalero, pero pocas jornadas eran en las que salía a trabajar. Siempre se quedaba en mi casa, a mirar la televisión y a molestar a mi hijo. Hasta que un día se cansó de él, y lo regaló a unos mal vivientes compradores de niños.
-Y ahora, ¿cómo está usted?- Necesitaba abrir mi boca, no podía quedarme callado y seguir oyendo tan triste historia.
-Digamos que soy feliz, la soledad es la fiel compañera que cada uno de nosotros tenemos en este mundo, no nos engaña, no nos oculta nada. Es como nuestra sombra, ahí está, si la quieres, te oirá, y si no quieres, no gruñirá.
El café ya frío sobre la mesa, se iban cumpliendo las cuatro de la madrugada y era hora de volver a mi hogar, sin antes no intercambiar los números telefónicos con Maria. Promesas van, promesas vienen, nos íbamos a volver a ver en alguna de las noches de este hirviente invierno.

Cada uno para lados distintos, fui en busca de la parada de un colectivo que me llevara hasta mi casa. En la parada me encuentro con un niño.
-¿Disculpe señor, sabe si este me lleva hasta mi casa?
-No sabría decirte hijo, no soy de esta zona, ni siquiera, sé si me lleva a mí.
-No tengo casa yo- Dijo sorpresivamente el pequeño niño.
Quedé atónito, justo llegó el colectivo, subí sin decirle adiós.

“¿Es acaso esto una maldita obsesión?” Pregunté una y otra vez hasta que el silencio se apoderó de mi conciencia y dejó hablando a lo más oculto de mí ser.
Creo que al oír tantas historias en una sola noche, solo puedo decir que a veces, tenemos que abrirnos a los problemas de las demás personas, para entender por qué la vida es así, y no solo sentir lo que nos pasa a nosotros mismos. Pensar que a veces, hay más en el cuadro de lo que se ve entre los marcos. Hay más en este mundo, que la vida de nosotros mismos. En una noche se pueden descubrir miles de sentimientos, miles de historias, tan tristes que parecen mentiras. Pero la vida es así, no todo el mundo puede ser feliz. A veces un tropiezo significa que la vida será mucho mejor más adelante.
Por eso es que oí atentamente cada una de las historias, en silencio, buscando en los ojos de las personas si creer o no internamente. Mi corazón muchas veces dejó de latir a un ritmo lento para galopar entre los nervios de una taza de café o de un vaso de caña. Al final, mi vida ni ahí se comparaba con el hombre al que le habían asesinado a un amigo en una guerra, y mucho menos a la de una mujer que le sacaron de sus brazos a u niño. Tal vez sean parecidas, pero cada uno tiene sus sentimientos con respecto a sus experiencias y cada uno toma las cosas por distintos puntos de vista. Pero la vida es la misma, lo que es distinto es el espíritu de cada persona.
Por eso, antes de juzgar por lo que veo de lejos, prefiero acercarme tanto hasta tocarle el corazón y sentir en carne propia que es lo que le pasa a la gente. Ver más allá de las lágrimas de sus ojos. Sentir qué sienten.

18 de abril de 2008

Palais de la Pax

Acariciado por suaves brisas,
Del aire más acogedor,
Me siento en las ramas de un árbol a fumar.
Oyendo el canto de exóticas aves,
Viendo niños jugar.
Entre los árboles de aquél lugar,
Se muestra el palacio de la paz.

Entre cantos y llantos veo el cielo,
Alumbrado por el incandescente sol.
Y el aire se vuelve más puro,
Respiro y me lleno de libertad.

Olvido las guerras y las pestes,
Dejo atrás el hambre y la codicia.
Abandono para siempre la falsa fortuna,
Y me siento a contemplar la paz.


17 de abril de 2008

Tu mundo no me abraza


Un dedo más de frente no me va a hacer cambiar,
¿Te parece que tu mundo tiene que ser como el mío?
Yo creo que no, mi vida es mi vida, mi corazón es mi corazón.
No pienso rendirme y pensar igual que vos.

Unos cuantos años más, disfrutaré hasta llegar,
Y ver en mi experiencia si debo o no cambiar.
Pintando el cielo de un solo color,
Mimetizándolo con mi esperanza.

Y oír mis sentimientos, el latir de un nuevo corazón.
Abandonar el que me acompaño hasta acá.
No lo voy a hacer, mi alma morirá conmigo,
Dentro de mi corazón rebalsado de sentimientos.

Y mi mirada no ve tu mente, mi mirada ve mi alma,
Sigue solo el latir de mi pasión, y en la ruta va mi calor.
No me vas a callar con un par de palabras,
Desde los embrollos más anudados,
Hasta los caminos más limpios,
Los experimentaré por mí mismo.

Hijo de un oficial


Mi papá es oficial de policía,
Y me enseña a hacer el mal.
Ya no le veo sentido a esta vida,
Aquello tuyo me lo voy a quedar,
Y lo mío, era de alguien más.

Y que no me vengan con creencias absurdas,
Porque son mentiras que roban mi dignidad.
Tantos trinos en esta vida,
Que no sé con cual me voy a quedar.

Y para olvidarme del porvenir,
Llenaré los bolsillos con lo que papá me traiga.
Y aquí se quedará lo bueno que había en mí.
Ya no soy yo, yo solo ahora soy un hijo de un oficial.

Y comer de lo que le sacan a los pobres,
Llenarme el buche con corrupción.
Nunca quise ser así, pero es la vida que me tocó,
Simplemente soy hijo de un oficial de policía.

No te quedes a mi lado, muchas marcas te quedarán,
Mis armas son más que unos platinos.
Las armas que guardo en mi mente son más siniestras,
Sin que lo pienses puedo estar por detrás asesinándote.

12 de abril de 2008

Caja de los truenos


La caja de los truenos se presentó,
No te dejó dormir, sin poder salir.
Enredado en estas redes del día de hoy.
No queda más que sonreír ante tan pesado dolor.

Este corazón que quedó afuera,
En silencio, entre manos mojadas por lágrimas,
Reclamando lo que le pertenecía.
Necesitaba un cuerpo donde vivir.

Es un daño, otro daño y otro daño más,
Corriendo a oscuras por un estrecho sin fin.
Buscando salidas de este trueno,
Oyendo aturdidoras melodías de amor.

Y todo sigue girando dentro de esta caja,
Entre truenos y lunas, nada claro podrás ver.

Ayer me tocó abrir mi caja, y por fin,
Dejé escapar todos los truenos que venía guardando de más.
Anoche nadie pudo dormir, porque no hubo oscuridad.
Anoche se desató la caja de los truenos, y nadie pudo evitar oírla.
Nadie escapó a los estruendos ni al desorden.

Futuro Pasado


Cuantos cuentos viven en este cuento,
Nunca llega un final feliz, anónimo.
Y paginas llenas de días, de historias.

Y como es que me quieres guiar,
Si ni siquiera sabes dónde quiero ir.
Mi mirada, a tu lado, va al otro costado.
Este será el futuro pasado.

Con vos me sentí feliz, poco tiempo.
No se como llegamos hasta aquí,
Pero es hora de bifurcar nuestros caminos.

Cómo quieres que te guíe,
Si no sabes a dónde quieres ir.
A mi lado tu mirada está en mí.
Este es el presente que no quiero vivir.

De un momento a otro la cosa cambió,
Cosa porque aún no le encuentro nombre.
Ya no creo en “cosas”, creo en mí.

Momentos buenos, momentos malos,
Momentos tristes, solo momentos.
Mentiras que fueron y serán verdad.

Pared


Una pared frente a mí, bajando siempre el pulgar,
Tantas olas en este mar callado, déjalas romper.
Todos te odian y lo sabes, quizás no sos el único,
Pero a pesar de todo seguís muriendo en mí.

Sos único, inigualable, una basura sin explicación,
La mentira te hará esclavo si seguís creyéndola.
Vuelve a tu cucha atado a la cadena sin poder vivir,
Buscando refugio de alguien que no te tiene al fin.

Y estas ganas de atarte ya pasaron, ya estas atado,
Solo lo hiciste buscando otra vida distinta a mí.
Ya perdiste el tiempo para descubrir si lo que soñas es lo que queres.
Ya perdiste el tiempo para descubrir si la vida hoy te verá feliz.

Como hablar sin que te respondan,
La vida a veces es más compleja,
Deja salir las palabras para brillar en la oscuridad.

11 de abril de 2008

Combatiendo en los senderos del temor


Tengo que pensar que nunca más vendrá,
No tengo que parar, hay que continuar.
Por lo bueno que pasó, y pasará.
Tengo que continuar, ver más allá.

De todos los vicios que tengo,
Ninguno es dejarme ser por otro.
Nunca voy a olvidar lo que fui,
Lo que soy y lo que pronto seré.

Y caer en la tristeza solo es una etapa,
Las penas y los rencores son de uno.
Un camino rodeado de etapas,
Se han de quemar con el tiempo,
Como todas las cosas de la vida,
Las etapas pasan, están y estarán.

Y en algún lugar, encontraré lo que quiero,
Pero siempre pensando en mi corazón,
Dejando atrás lo que piense algún pensador.
Girando alrededor del mundo, viendo estrellas hablar.

Y por más que me hayan puesto piedras en el camino,
Será más fácil atravesarlas que quedarme a mirar.
Porque no hay ley sin ley, no hay camino sin obstáculos.

Y dentro de un cuadro sin marco,
Me importa lo que representa el corazón,
A veces la mente me miente y no me deja sentir.
Y aunque el rey me mande, viviré tranquilo,
Porque lo que hay en mi corazón nadie lo sacará.
Mi corazón siempre estará junto a mí,
Como mi alma y el espíritu luchador.
Y el rey me manda, y mis oídos sordos no quieren escuchar,
Mi alma me lleva más allá de dónde me quieren mandar.

Déjame que te cuente el mundo que ven mis ojos,
Podrías entender y salir delante de estos tropiezos.
Dejar atrás las razones que alguna vez te desgarraron,
Ver el nuevo sol que hay detrás de estas nubes.

10 de abril de 2008

Mesera de algún bar


Todas las noches ella está apoyada a la barra,
Observando si alguien necesita de sus quehaceres.
Apretando fuerte la quijada muerde maníes,
Y los mezcla con una bebida sin etiqueta.

Y entre los borrones de las servilletas,
Se acerca a ver en que andas metido.
Tinta que pinta la mesa donde te sientas,
A tomar una dosis de calma interna.

Y es que ella vive de otras historias,
Por eso es mesera de algún bar.

En las celdas de un callejón se encierran,
Y sacan a la luz los papeles que en la mesa estuvieron.
Entre caricias caen vasos vacíos,
Y se llenan con amor de una mesera.

Y es que ella vive de tu historia,
Por eso es mesera en algún bar.

Una llamada deja besos en el celular,
Y promesas que nunca se cumplirán.
Por qué no volver una vez más a este bar,
Donde la mesera te hace una historia.
Una historia de meseras que imaginan cosas,
Y viven de tu historia, cada noche, una nueva historia.

Tropas en las calles del otoño

Te suben hasta arriba y te sientes un dios,
De los de tu piel que sin mirar a tu alrededor,
Tiras bombas al que te quiera dar su opinión.
Lo callas con coerción, con decapitación.

Te agarran de los huevos
Y te revolean como boleadoras.
Nunca sabes a dónde vas a ir a parar,
Pero en un rato más te van a volar.

Y hueles como la barra de un bar,
Se te acercan otras moscas más gordas que vos,
Pero tú piensas que son nada bajo tus pies.
Cómo eres, te vas a enfermar de rabia.
Destapando infiernos en las calles,
Alimentando el fuego de la bronca,
Y dejando sin comer, como te gusta,
A los niños que gritan para ser oídos.

9 de abril de 2008

Muelle sin muelle


Como caminar hacia la nada,
Como ir en busca de una mentira.
Como ver algo no esperado,
Como sentir que no te he olvidado.

Y ver pintarse de negro el sol,
Ver que la oscuridad se apoderó de vos.
Dejando a oscuras tu vieja razón.
No seguir por este muelle que al agua va.

Andando, caminando y viendo lo que pasó,
Descubres que la vida no era solo amor.
Que había algo más allá de esos ojos verdes,
De esos labios partidos en dos que te besaban.

Este muelle que me lleva hacia ningún lugar,
A ese lugar en la nada donde siempre es nada y nada más.
Allí quiero estar, rodeado de nada y de libertad.
Donde reine la soledad, donde reine la paz.
Solo, acompañado con mí alma,
Que a veces me acompaña hacia el más allá,
Que nunca me deja solo en las nuevas redes,
Que nunca me hace sentir más y nunca más,
Me dejará estar solo en un nuevo lugar.
Allí quiero estar, caminando en el muelle sin muelle.