
No crean que estoy marginado, es solo que no me adapto a las reglas de este juego. Siento pudor por esa gente que esta calceteando a los poderosos para encontrar un lugar privilegiado. Yo me siento contento con mi forma de ser, mi forma de reír, mi forma de pensar y todas esas formas que ustedes toman como rebeldes.
A veces me imagino a la orilla de un lago, un lago claro, una hermosa y refrescante agua cristalina, que deja ver su base y demostrar su pureza, que no solo amenaza contra lo malo, sino que enseña a tomar como ejemplo a la sabiduría de un poeta, que no escribe solo por placer, sino porque su dios lo mandó a esparcir un mensaje. ¿Un mensaje de paz?; no lo se, sinceramente no lo sé… en cuestión, se que es un mensaje. Escuchémoslo y razonemos a conciencia cierta de ello.
Y otras veces imagino una mujer adulta, del otro lado de la orilla, allá, cerca de aquellos verdes árboles que embellecen el paisaje de este mágico lago. Ningún ser vivo, salvo lo vegetal, lo silvestre en tanto a plantas. Ningún animal; ni aves, ni reptiles, nada. Solo aquella mujer que a lo lejos siento que me esta mirando, al igual que yo a ella.
¿De dónde habrá venido?, tal vez del mismo lugar que yo, o tal vez más. Tal vez viva en este paradisíaco lugar, y vino hace tiempo ya de la jungla; la ciudad.
Esa ciudad a la que yo le escape. Pero no me conformo con verla a lo lejos, necesito acercarme e intercambiar unas palabras, para así conocer su vida.
El camino hacia ella no se hizo corto, todo lo contrario, fue un momento extenso donde a la cabeza se me venían miles de recuerdos; como aquellos tiempos en los que iba por primera vez al colegio, empezando un nuevo ciclo escolar, o en esos momentos que me enfrentaba a una nueva extraña situación de vida. Esta era una de ellas. No sabia que esperar de este momento, no me quería hacer parecer marginado, ya aclaré que no lo soy, pero tal vez esta joven mujer de cincuenta años lo piense de esa forma.
A cada metro que me acercaba, mi corazón latía cada vez mas fuerte, mi alma no sabia en que pensar, mi destino ya estaba fijado. Huir y terminar sin conocer a esa bella mujer. Pero no, quería llegar, abrazar a esa joven sin saber quien era.
Ella me miraba, fijo, viendo detalladamente cada uno de mis pasos, esperando por conocerme, o al menos es eso lo que pienso.
Yo no quería correr, porque tal vez ella huiría a causa de espanto. Por eso seguí mis pasos detenida y paulatinamente. Viendo a mi alrededor para evitar el contacto directo de vista. Por eso fue que poco conocí de su físico, porque poco la vi, poco le preste atención a su exterior, solo imaginaba esa belleza interna que aquel señor alguna vez me quiso regalar.
A punto de estrecharle la mano, se desvaneció. Se fue como ave espantada. No logré entender que fue lo que sucedió, tal vez era un fantasma, tal vez era una alucinación. O tal vez fue mi culpa por no querer ver su belleza externa mientras me acercaba. Si, fue mi culpa, ¿por qué no la mire más de lo que hice?, ¿Por qué no hice ese contacto visual?.
Que imbecil que soy, ¿por qué no lo hice?
Al final este aquel señor me volvió a engañar, me volvió a tratar y considerarme marginado.
A veces me imagino a la orilla de un lago, un lago claro, una hermosa y refrescante agua cristalina, que deja ver su base y demostrar su pureza, que no solo amenaza contra lo malo, sino que enseña a tomar como ejemplo a la sabiduría de un poeta, que no escribe solo por placer, sino porque su dios lo mandó a esparcir un mensaje. ¿Un mensaje de paz?; no lo se, sinceramente no lo sé… en cuestión, se que es un mensaje. Escuchémoslo y razonemos a conciencia cierta de ello.
Y otras veces imagino una mujer adulta, del otro lado de la orilla, allá, cerca de aquellos verdes árboles que embellecen el paisaje de este mágico lago. Ningún ser vivo, salvo lo vegetal, lo silvestre en tanto a plantas. Ningún animal; ni aves, ni reptiles, nada. Solo aquella mujer que a lo lejos siento que me esta mirando, al igual que yo a ella.
¿De dónde habrá venido?, tal vez del mismo lugar que yo, o tal vez más. Tal vez viva en este paradisíaco lugar, y vino hace tiempo ya de la jungla; la ciudad.
Esa ciudad a la que yo le escape. Pero no me conformo con verla a lo lejos, necesito acercarme e intercambiar unas palabras, para así conocer su vida.
El camino hacia ella no se hizo corto, todo lo contrario, fue un momento extenso donde a la cabeza se me venían miles de recuerdos; como aquellos tiempos en los que iba por primera vez al colegio, empezando un nuevo ciclo escolar, o en esos momentos que me enfrentaba a una nueva extraña situación de vida. Esta era una de ellas. No sabia que esperar de este momento, no me quería hacer parecer marginado, ya aclaré que no lo soy, pero tal vez esta joven mujer de cincuenta años lo piense de esa forma.
A cada metro que me acercaba, mi corazón latía cada vez mas fuerte, mi alma no sabia en que pensar, mi destino ya estaba fijado. Huir y terminar sin conocer a esa bella mujer. Pero no, quería llegar, abrazar a esa joven sin saber quien era.
Ella me miraba, fijo, viendo detalladamente cada uno de mis pasos, esperando por conocerme, o al menos es eso lo que pienso.
Yo no quería correr, porque tal vez ella huiría a causa de espanto. Por eso seguí mis pasos detenida y paulatinamente. Viendo a mi alrededor para evitar el contacto directo de vista. Por eso fue que poco conocí de su físico, porque poco la vi, poco le preste atención a su exterior, solo imaginaba esa belleza interna que aquel señor alguna vez me quiso regalar.
A punto de estrecharle la mano, se desvaneció. Se fue como ave espantada. No logré entender que fue lo que sucedió, tal vez era un fantasma, tal vez era una alucinación. O tal vez fue mi culpa por no querer ver su belleza externa mientras me acercaba. Si, fue mi culpa, ¿por qué no la mire más de lo que hice?, ¿Por qué no hice ese contacto visual?.
Que imbecil que soy, ¿por qué no lo hice?
Al final este aquel señor me volvió a engañar, me volvió a tratar y considerarme marginado.