Con guantes de latex lo dejas caer,
la piel de tu corazón no dejó rastros hoy.
Y en tus ojos, la mirilla apunta a mi rostro,
el que a veces has visto negro y blanco a la vez.
En sus manos, el interior, explota en el cosmos,
dejando a vistas un nuevo perdón.
Ir más lejos, más adentro, entre los árboles,
que rodean un secreto mal oculto.
Todo queda en tí, incluso al despertar,
todo se mantiene en pie, incluso al morir.
Desde las alturas, en los balcones,
las banderas despliegan una ilusión.
Aquella voz, hoy en silencio, muere,
tan lentamente, no logras oir suplicios.
