Estoy solo, frente al reloj, otra noche más,
veo que el péndulo se desplaza de un lado al otro.
Un silencioso galopar sobre los musgos de la humedad,
y tu, en algún lejano lugar, pensando en la realidad.
Pregutas qué es lo que pasa, que durante despues
de tantos años las cosas siguen tal cual estaban.
El reloj no se detiene y el sonido entorpece mi pensar,
y es otra noche más, que me encuentro solo frente a él.
Un momento que no me duela, que no me lastime,
busco un lugar donde pueda despejar mis dudas.
Quisiera entender por qué todo es así, por qué eres así,
y te olvidas de las enseñanzas que de joven alguien obvió.
No! Esta noche no se detiene.
El reloj acaba de comenzar,
y la noche está más muerta que hoy.
Si fueras rey, mostrarías tus colmillos, hambrientos,
de seguro te olvidarías de tus subditos, de tu pueblo.
Y la libertad, y lograr lo que quieras, sin compartirlo,
plena infelicidad, indefensa teoría mortal que verás.
Si aprendieras, mi nombre es Libertad, si vieras.
Hoy, mis sueños se apartan un poco más, si vivieras.
Beber cada noche, intentar olvidar, por eso vivir,
porque eso es creer en que, por más distancia existente,
todo se puede lograr cuando entre medio hay corriente.
Las leyes de la física cuántica, las leyes de un salvaje,
las que respeta él y solo el, el mundo natural, tu vida.
Innatural, aquella simbiosis frente a un reflejo oscuro,
frío y de verdad escalofriante, reflejo de una noche más.
No! Nunca más se detendrá.
Esta noche, el reloj galopa más rápido,
no hay nada que esperar, ya todo pasó.
Un nuevo príncipe, un nuevo sucesor, te pisa,
se te para encima, entorpece los caminos, desalineado.
En su frente solo un gesto, maldigo cada suspiro,
QUIETO! Quedas frente a un nuevo impulso.
Lo que aprendimos, universidad del lodo, pantanos,
que si quisieras te podrías ir, pero solo te entierras.
