23 de abril de 2011

El viento y un poema perverso

Quería tener todo en mi poder, quería saborear,
la dulzura de la última fruta del Apocalipsis.
Los impulsos de frescura en el aire, volando,
los manantiales abiertos, intrínsecos hechizos.

Infinitas palabras, que no sirven de nada,
que no curan heridas y que confunden laberintos.
Entre nudos de perdición, entre lamentos hipócritas,
los cuervos nos vigilan desde cerca, esperando.

Los árboles de a poco se marchitan,
se hacen viejos, tan añejos, cuestión de experiencia,
se va, se queda, da igual…
El viento y un poema perverso,
ausente, se queda, tan muerta,
como animal abatido.

Y aunque a las espaldas, las amenazas se mezclan,
oyes decir “la ilusión es un lamento deseado”.
Y el resto que nos queda, los escombros del resplandor,
de muertos que aún siguen queriendo resucitar.


21 de abril de 2011

18 20




Ahí estará, el, esperando mi llegada,
sabiendo que una vez cada vez,
el arribo se hace obligatorio,
mantenimiento antisismos.

Si no presencio seré sombra una vez más,
sabran de mí cuando parta hacia otro lugar. 
El humo hace años no se siente, se perdió
la ilusión de quererla, de verla, ya no es igual.

Conocer historias, aprender de los desconocidos,
filosofar con el paisaje veloz, que a mis espaldas muere.
Gigantescas dudas, abundan mi descabellado plan,
donde al llegar, temeré poder darle un fin, verás!

Las ramas de aquél bosque, todas, empezarán a quebrar,
y el presente se irá diluyendo, como desilusión.
Si todo aquello compartido, en este viaje, se hizo deseable,
hoy ya no queda más que quedarse a esperar, la próxima partida.

Qué pasará si al llegar no me espera,
si doy todo por perdido, volver a empezar.

No paro de correr, no voy a ningún lugar,
como piedras que caen desde lo alto,
porque ellas suelen caer sin avisar.

Cansado de tanto subir y bajar,
creí haber aprendido y sigo con dolor.
Ahí está, la cruz en mi pecho, impura,
puta lata de pintura, y pide un poco más.


17 de abril de 2011

Ambiente asfixiante


Quedan cospeles por usar, no hay destino,
y la voz que se acerca siempre un poco más.
Este humor se mezcla con las aves, muertas,
de un terraplén olvidado, del ambiente asfixiante.

Tuve suerte en esta vida, ahora solo resta esperar,
que la inyección ingrese en mi piel, sin ver...
la enfermera me quiere condenar, a la eternidad.

¿Cómo ordenar los pensamientos,
si no hay ya nada más que pensar?