12 de enero de 2011

Habitante entre el lodo



Naciendo entre el lodo, en el más sucio pantano.
Su cuerpo le hace sombra a las malas hierbas,
y ahí está, buscando el sol, cada día... cada amanecer.
Y en su frescura, habita la ilusión, de contagiar esperanzas.
 
Una maldita raíz a la deriva intenta asecharla,
no encuentra su rastro, no se puede presagiar.
Culpando a los malditos celos que habitan en mí,
de esos que no tienen edad,
y esta flor que no la permito crecer, lo merece...
hoy no tengo derecho a someter.
 
Y cada noche crece un poco más,
dejando una estela a su alrededor.
 
Tal vez la vieja ilusión nunca muera,
¿cuánto, en verdad, dura una ilusión?
Si las cortezas hoy ya tocan el fondo,
y la lluvia no ha vuelto a amainar.
 
Y dormir, dejar pasar las mareas, una tras una,
esperando que algún día vuelva a hacerme sombra.
Y sentir la frescura en mi piel, cuando vuelva a crecer.
 
Quizás, cortándola desde abajo, muera una ilusión,
y la esperanza, de que algún día podría ser.
Quizás dejándola crecer, en el futuro,
sus raíces aten mis pies, y acompañen mi sombra.