7 de diciembre de 2010

Trece vidas y 54 días después



El cielo oscurece,
los árboles remolinean frente a mí.
El cielo oscurece,
una nueva noche me quedo aquí.
 
Todo este cielo es una obsesión,
las estrellas atormentan a mi ser.
Susurró la copa del vino más extravagante,
llegué a entender que quería morir en mí.
 
Caen del cielo grandes jardines,
vientos empujandome hacia tí.
El sol se ha vuelto vela,
captando de tí todo lo que haces mal.
 
Luego del tiempo eterno,
luego de que me dijeras nunca,
vi en tus ojos que sabes que no volverá.
Ni viviendo mil años, ni diez vidas después.
 
Mi sombra pasará esta noche por otra constelación,
verás que no eres la única que suele apagarse en el universo.
Las estrellas se asomarán, vendrán al refugio,
quizás hoy, tal vez en trece vidas... tal vez, o 54 días.
 
El cielo oscurece,
ninguna estrella arde esta noche.
El cielo oscurece,
las lunas que siempre vi han huido. 
 
La miro a los labios y veo al costado,
todo se vuelve tormentoso, el mundo agitado.
Tengo frente a mí a una monstruosa colección,
de estrellas y constelaciones extrañas,
de sueños de libertad y de bandidas pesadillas.
 
Logré sobrevivir, las tempestades amainaron,
como el viento un segundo antes de la lluvia.
Un minuto perdido, esperanzador, olvidado.
Tanto miedo da, el olvido, la pena y la sangre.
 
El cielo oscurece,
el día comienza a morir,
El cielo oscurece,
ya no podremos sentir.
 
Adiós...