Temprano por la mañana te encontré amargueando,
me invitaste a beber de la sangre de esta tierra.
Cuando el sol apenas calentaba las calles,
y los perros se desperezaban en los cordones de la vereda.
Aroma fresco en la vieja peatonal del casco histórico,
donde me invitaste a recorrer lo que te corresponde.
La voz en off estúpida de una nueva generación,
molesta el sonar constante de los teléfonos,
que nadie se atreve a contestar.
Amargueando por la mañana,
te encontré en la puerta del hotel.
Sin dudas existen otros nuevos sitios,
no necesariamente mejores que este.
Nos encontraremos en la Playa del Real San Carlos,
tras lo prometido en lo alto del lighthouse.
Ahí, donde los toros se devoran entre sí,
nos sabremos invadir, como seres extraños.
Desear que me invites una grappa,
en el bar “Las Vegas”, en la lejana ciudad.
En el amarradero te vi despedirme,
ver tus manos agitarse
como flamean las banderas
de ese extraño lugar al que perteneces.