¿Sabe qué? Me encontré una señora, digamosle Doña Rosa, porque nunca me dijo su nombre. La típica doña Rosa de cualquier barrio. Esa que encuentra siempre un motivo por el cual quejarse. Desde una baldoza rota hasta la hoja del árbol que cae por los movimientos y corrientes del viento.
Me la encontré. En realidad me choqué con ella al ir caminando por una vereda, y esta señora, con su manguera, me salpicó, levemente, mis pies. Me pidió perdón. Si, al principio tuvo buenos modales y una sonrisa pícara de un niño post haber roto la colección de platos de porcelana de la abuela. Me detuve.
Sin saber cómo, olvidando mi apuro, comencé un diálogo con la señora, y para no ser menos, terminamos hablando de política. Hablando de política con Doña Rosa... ¿qué se puede sacar de fructífero ahí? Muy poco, o prácticamente nada.
Que todo es culpa del gobierno, que los jóvenes militantes tienen sus departamentos en Puerto Madero, que cobran 7 mil pesos por mes para salir a repartir volantes o pegar afiches. Que la Sra. Presidenta se roba todo lo que encuentra a su paso. Que el 7 de diciembre se va a quedar sin Clarín que es lo único que le queda. Que una vecina (otra Doña Rosa, ponele Doña Tota), le contó que a la amiga del nieto le habían robado, aunque no estaba segura porque la hija no se le entiende mucho, porque de tal palo, tal astilla. Que ahora van por los niños de las primarias. Que la Sra. Presidenta es una "conchuda". Si! Dijo CONCHUDA, la Señora mayor del barrio, Doña Rosa, dijo la palabra CONCHUDA!!! Obviamente, me causó un poco de gracia y expresé una sonrisa. No por reirme de la degradación de la Sra. Presidenta, sino de la expresión de Rosa, y el movimiento apocalíptico de sus labios y lengua diciendo "CONCHUDA", dejando escapar un poco de saliva y reteniendo los postizos.
Allí ella, muy enojada con todo. Por poco hasta conmigo que me había interpuesto en el trayecto de su chorro de agua. Faltaba nada más que me persiguiera con una escoba.
Ahora bien, ante semejantes declaraciones, más acercados a una revista de chismes que de otra disciplina, no iba a quedar impune la situación. NO! Ahí estaba yo; reivindicando mis ideas, mis convicciones, mis pasiones.
Con conocimiento de causa le expliqué punto por punto. Que no todo es culpa del gobierno, que no se deje influenciar y vea un poco más allá de lo sencillo de ver la fachada y lo más alto para criticar solo eso. Que no tengo departamento en Puerto Madero ni cobro 7 MIL PESOS (¿por qué esa cifra? Podrían haber inventado algo más copado, no?) por hacer lo que me gusta, que es defender lo que yo creo.
Le expliqué de la inseguridad. No se la negué, le expliqué la expresión de "sensación de inseguridad", le cité autores, teóricos, que hablan de esta "sensación" y el poder que ejercen los medios para que exista. Le hablé de la Ley de Medios, de que su amado Clarín no iba a desaparecer, que iba a poder seguir leyendo las noticias que quisiera, pero que también iba a poder leer otras.
No quise hablarle del respeto a los demás, porque es una señora mayor, y esas cosas no se pueden cambiar a esta altura.
Pero lo más importante, le dije: "Señora, no le parezca raro. Hay gente que cree, que tiene ideas, que tiene esperanza y que la recuperó en el 2003 con la llegada de una nueva forma de gobernar. Muchos como yo, salimos a la calle a llevar este mensaje a los vecinos, porque creemos en lo que pensamos. Pensamos y creemos que el cambio es posible, y estamos yendo por el buen camino. Señora, no le parezca raro, no es cuestión de dividir la sociedad, no es el Gobierno quien divide la sociedad, es la sociedad misma la que se auto divide porque ahora que se habla de política, a lo cual no estábamos acostumbrados, estamos tomando partido por algo, y lleva a discusiones como esta. Y no creo que sea intencional, se lleva a esto por el simple hecho de que al hablar postulamos nuestras ideas y lleva indefectiblemente a una división, a una roptura."
La charla continuó unos segundos más, se me hacía tarde y tuve que irme. Ella siguió baldeando su vereda. Seguramente no he cambiado su forma de pensar, no fue mi intención, pero yo me sentí bien de haber transmitido un mensaje sincero y honesto. Por más que ella no lo crea, si el mensajero lo cree, el mensaje es honesto.
