"Y no... no basta hacerla canción" me dijo la bruja. Esa gitana de pañuelo enroscado en la frente, cubriendo su lacia cabellera. "Solo tus suspiros e indignación no harán cambiar una forma incansable de falsa superioridad" continuó.
Sus castaños pelos desprolijos flameaban en la altura, en su subida al infinito. El viento la acariciaba, el cielo y el infinito la acariciaban, no supo hacerlo lo terrenal, que la condenó a éste infierno.
Debo volver a leer, tal vez Cortázar, tal vez William Blake, que me permitan escapar de ésta desolación. Ya la música no me alcanza, ya distintos paisajes no me calman. Veo incansablemente tu rostro en las paredes, pegatinas de una nueva generación, de una nueva ola de indignación, de valor, de revelación.
Como si hacerte canción sirviera para hacerle entender a esos hombres que lo que hacen está mal. Ojalá sirviera, y estaría aportando mucho más de lo que aporto. Es un simple grano de arena, en la ausente playa que no ayuda mucho a ésta melodía.
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