6 de octubre de 2010

Paisajes poéticos

Que sencillo resulta olvidar
a las personas que a uno le hacen mal,
Capturabamos la sabiduría
que nos ofrecían los dioses de antaño.

Ahí estabas... tan sola,
tan indefensa, tan triste.

Fuiste derecho a la confusión,
no te detuviste a entender, de una vez, la verdad.
Insistí, hice lo posible para que lo descubras,
ahora soy yo el que estuvo mal, si, es fácil así... no?

Nena...
nena, por favor...
Bebé...
Tengo que irme, déjame ir...
entiende que esto así no funciona.
Que lo que hemos perdido, perdido está,
y que no hay revancha en este juego.

Hoy atorado con tanto limón,
dos noches sin poder conciliar. 
Te vas con él o te vienes conmigo,
tus ojos se nublaron para no despertar más.

Dónde han quedado nuestros anillos carceleros.
Los poetas sin recursos se dejan de inspirar,
las musas se han olvidado, han quedado atrás.

Aunque la puerta se encuentre entornada,
un simple suspiro puede abrirla de par en par.
De paseo junto a un monje,
curando las heridas de los demás.

Alfonsina, en su paisajismo absoluto.
Esa noche, tan sola, invocando a Lucifer.
Ahí está, yendo a su paisaje profundo.
De este mar que ahora te extraña.

De ese amor tan profundo que sentías,
Ahora ya no queda nada, y no escribes más.
Total, esos simples gestos no te supieron llenar,
Todo lo demás, es fuego en medio del desierto.