21 de junio de 2010

Ella me hizo sentir confundido


Una noche cualquiera me fui a entrever los vasos de aquél bar, el que pocas luces saca al exterior y dentro habita una pequeña mesera, que nunca me dijo su edad, pero en su piel floraba un sol de verano. Su energía atraía hasta el ya ebrio corazón que había sido derrocado la tarde anterior.

Me senté en una mesa, de esas que no están cerca de las ventanas, donde la luz es muy tenue y el sonido apenas llega; se entorpece el paso con las columnas de material que sostienen un cielorraso casi destruído por la humedad. 

Ahí estaba yo, pensando en ella, que nunca supe dónde estaba y que seguro ella no sabía que pensaba así. Que estaba por ahí, haciendo sus cosas en busca de una solución para un nuevo problema.

Con el vaso casi ya vacío, escribí, con pequeña letra, sobre unas hojas, lo que sentía y así la camarera me preguntó:
-         Oye, ¿qué es lo que estás escribiendo?
  
Simplemente la miré, no le respondí.


Dirán que vivir es solo pasar los años,
Aquí hace calor y la niebla moja nuestros erizos.
Nos hacemos daño, y la canción solo es música,
De que el sol nos ha vuelto a encontrar al amanecer.

Juntos bajo este triste árbol de la estación más opaca,
De dónde los trenes pasan una vez al año.
Tengo fe y sigo sin creer, te veo sonreír,
Y el cielo se ha vuelto a abrir para dejarnos ser feliz.

Construir un castillo de palabras y es por ti,
Y nada más y me voy, me voy y sigo contigo.

Y aunque hace calor, en vez del amor hicimos otra cosa,
La que siempre has querido olvidar y no puedes.
Este juego que no existe en ningún parque.
Los modernos amaneceres bajo la lluvia gris.