¿Quién se ha robado el otoño este año? Ya no veo caer las amarillas hojas sobre mi piel. ¿Dónde estarán las lágrimas del gris cielo? El aire fresco por las mañanas desapareció.
La tierra se quebró, desapareció... explotó. Y yo, hundiéndome en alegría y libertad. Viendo desde arriba los verdes árboles, la esperanza y lo que se hizo de luz.
Tantas puertas golpeadas, tanta confianza otorgada, la costumbre de abrir y dejar pasar a los extraños.
¿Qué hacer cuando todo fue una mentira? ¿A quién recurrir, a quién pedirle una verdad? Aquí estoy, levantando mi alma, y el espíritu guerrero; enfretando cada piedra que rueda contra mí.
Otra vez esta noche te vas sola, al destino en el que las veredas te aceptan. No te sientas y no te quedas a dormir, pero tu vida esta afuera, nena, sal...
Voy a pedirle a alguien que me tenga un poco de respeto, que se quede en su lugar, quieto, sintiendo y sufriendo como yo. Es tan triste ser lo que sos de mí y que no me respetes, y la sorpresa que descubro esta noche es la misma de siempre.
Llevas en tu piel las pocas ganas de compartir conmigo, tienes ahí dentro esa caricia que una vez te dí. No la ves, no la ves, otra vez, no la ves.
Me quedo solo, otra noche más, sin amigos, sin luz. Me quedo solo, otra vez, solo otra vez, solo, sin vivir.
Y estas tan bien en tu calle, solo falto yo, no me quieres, hasta tu sombra se hace presente, la única que te cuida, y quiere lo mismo que vos, desperdiciar una noche más.
Ojo! ya no estas para verduguearme, ya no me voy a dejar. Es que aprendí, mucho antes de conocerte, que la vida no es así. La condena ya se terminó y las cadenas se aflojaron ya hace tiempo.
Esta vez yo marco mis tiempos, yo soy dueño de mi reloj, hoy... No lo ves, no lo ves, otra vez, nunca lo ves. Y me quedo solo, otra vez, solo otra vez, como siempre, sin vivir.
Cuando las palabras te entran y se quedan, cuando las actitudes te golpean bien por dentro y te hacen llorar, cuando esas críticas mal hechas te hacen pensar en que se equivocaron. Es cuando, entonces, ves que no todos piensan como vos, en que vos no sos igual a nadie, y eso es lo bueno de la historia, dicen que si fuésemos todos iguales, sería muy aburrido. ¿Será?
Yo, por ende, sigo por este camino, esquivando a los que no me aceptan, o, intentando sobreponerme a ellos, dejando que opinen a su manera, si dejar que ello afecte trágicamente a mí forma de ser.
Pero, las circunstancias de la vida, a veces, pueden golpearte hasta que llega la muerte, pero… la muerte… ¿qué es la muerte? No, mejor dicho, de qué muerte hablo? De la muerte del espíritu? ¿De la muerte total de la existencia? o, quizás, ¿de la muerte de la forma de pensar, la muerte de las ideologías?
Es entonces, cuando me siento en el basurero de mi mente, en donde abundan los rencores y los malos pensamientos, y a todos ellos, los comienzo a ordenar y así dejarlos en su lugar, cosa que no tengan que volver a invadir mis recuerdos. Es ahí, donde el todo se funde en la historia, y queda guardado para siempre, cada uno, como un capítulo, en su respectivo cuento.
La vida nos da enseñanza, la vida… la construimos nosotros mismos, el destino, quizás una máscara de esta vida que creamos, una máscara que le ponemos a los errores que nosotros mismos cometemos.
En fin, la reflexión, a veces sirve para descargar, y cuando uno descarga sus broncas, pensamientos o ideas, las hace... las hace y las convierte en un montón de letras que a veces para un tercero nada significan, pero si para uno mismo, que sabe por qué las escribe y cada vez, al leerla, se da cuenta de lo que vivió en aquél momento, y este momento, es ahora, o unos días atrás… o quizás, quién te dice, unos años atrás.